lunes, 25 de marzo de 2013

Turritopsis

Tom Carr en Huarte

La semana pasada hemos estado visitando el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte con motivo de la exposición de la obra de Tom Carr
Al llegar a la sala nos encontramos con una serie de esculturas que parecían dotadas de ingravidez, algo así como un dibujo flotando en el espacio, como el rastro de un trazo de color que aún no se ha desvanecido, estructuras en apariencia ingrávidas que cuelgan de un fino hilo o cuyas piezas se articulan a través de frágiles puntos de apoyo. En la mayoría de los casos se trataba de esculturas móviles que cambiaban de orientación sólo con nuestros movimientos alrededor...
Las sombras en la pared creaban un juego de simetrías que parecía prolongar las formas más allá de la superficie de apoyo.
Los miembros del equipo de trabajo que nos guiaron en la exposición nos explicaron la relación entre conceptos como el movimiento continuo, la inmortalidad, la transición de las formas del plano al volumen...


Tom Carr da una vuelta de tuerca al concepto de levedad y de minimización que la escultura ha sufrido desde la época de las vanguardias situándola al borde de su ausencia física, de sus límites, a partir de una inusual economía de medios. No se interesa por lo firme y permanente sino por lo dinámico, cambiante, frágil e ilusorio (y fugaz como el propio pensamiento), de ahí que su modelo en la naturaleza pueda ser una minúscula medusa, pero también la nube, el junco, el relámpago o el trazo que describe el vuelo de un insecto.
















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